Preparar antes de cortar
El proceso comienza con un dibujo ajustado al tamaño final. Se revisan los espacios, la resistencia de cada unión y el lugar de la argolla. Luego se elige la lámina de metal y se prepara la superficie para trasladar el diseño con precisión.
La planificación evita retirar material que después será imposible recuperar. En orfebrería, cada corte modifica la estructura. Por eso las líneas internas, los vacíos y el contorno se piensan como partes de un mismo sistema.
Calado y conformado
La segueta de joyero permite atravesar el metal con una hoja muy fina. Para crear un vacío interior se perfora primero un pequeño acceso, se pasa la hoja y se vuelve a tensar. El corte se realiza sin apuro, dejando que la herramienta avance y girando la pieza con control.
Después del calado llega el limado. Limas de distintas formas corrigen curvas, esquinas y bordes. Esta etapa define gran parte de la calidad táctil: una pieza que se llevará en la mano o cerca del cuerpo debe resultar suave y segura.
Grabado, unión y terminación
El nombre, una fecha o una textura pueden grabarse con punzones, buriles u otras herramientas. Si el diseño incluye capas, argollas o apliques, se realizan las uniones previstas y se limpia cuidadosamente la superficie. Cada intervención cambia el aspecto y también la manera en que la luz recorre el metal.
El acabado puede ser brillante, satinado, envejecido o conservar señales deliberadas del trabajo. Finalmente se pule, se lava y se revisan las uniones. El resultado no sale de una línea automática: concentra muchas decisiones pequeñas tomadas para una sola historia.

