Preparar el banco
El día empieza ordenando el espacio, revisando seguetas, limas, martillos y láminas. Cada herramienta tiene una función y trabajar con calma comienza por saber dónde está todo.
El artesano detrás de cada pieza
Entre historias, herramientas y metal, cada jornada tiene un propósito: crear con mis manos un objeto que represente un vínculo verdadero.

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Mi manera de trabajar
Una fotografía me muestra la forma, pero la historia me explica qué debo mirar. Puede ser una oreja levantada, una postura, una fecha o la manera en que esa mascota esperaba cada día.
Mi trabajo como orfebre consiste en transformar esos detalles en líneas, y luego transformar esas líneas en metal. Cada decisión —el tamaño, el material, el calado y la terminación— tiene que cuidar el significado.

“La pieza pasa muchas horas en mis manos antes de llegar a las tuyas.”
De la mañana a la entrega
El día empieza ordenando el espacio, revisando seguetas, limas, martillos y láminas. Cada herramienta tiene una función y trabajar con calma comienza por saber dónde está todo.
Antes de tocar el metal leo nuevamente el mensaje del cliente, miro las fotografías y recuerdo qué detalle volvió especial a esa mascota. No fabrico una figura genérica: trabajo para una historia concreta.
Paso las fotografías a líneas. Pruebo siluetas, nombres, huellas y espacios hasta encontrar una forma que pueda reconocerse en pocos centímetros y que al mismo tiempo sea resistente.
Alpaca, latón o cobre cambian el carácter de la pieza. Marco el diseño sobre la lámina, reviso el espesor y hago las perforaciones necesarias antes de comenzar el calado.
La segueta avanza lentamente sobre el banco. Giro la pieza, acompaño las curvas y dejo que la hoja corte sin forzarla. Este es uno de los momentos donde el dibujo comienza a convertirse en objeto.
Las limas corrigen el contorno y suavizan cada borde. Después llegan el nombre, una fecha o una textura. Pequeños golpes y líneas hacen que la luz revele detalles que antes no existían.
Satinado, brillo o pátina: el acabado define la última sensación. Reviso argollas, uniones y bordes, limpio la superficie y tomo la pieza con la mano para comprobar que se sienta cómoda y firme.
La pieza se prepara para viajar. Antes de guardarla pienso en la persona que la recibirá y en el momento en que reconocerá el nombre, la silueta o la huella. Ahí termina mi jornada y comienza la vida del objeto.
Lo que guía mi oficio
Trabajo cada encargo individualmente para conservar su historia y revisar cada detalle.
El metal puede cambiar y adquirir pátina. No oculto su naturaleza: dejo que acompañe el paso del tiempo.
La emoción orienta el diseño y el oficio asegura que el objeto pueda usarse y conservarse.
Tu historia puede ser la próxima
Empecemos con una fotografía, un nombre y ese detalle que nunca querés olvidar.
Crear una pieza conmigo ↗